11 de febrero de 2026 7:59 pm

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Los Pumas: una década de Rugby Championship y la necesidad de reinventarse

En el radar internacional, el equipo argentino está marcado por la irregularidad deportiva y afectado económicamente por la pandemia

Un sábado se comen 70 de los Springboks y al siguiente casi les ganan. Un año vencen a los All Blacks y empatan dos veces con los Wallabies, al otro no suman ni un punto en todo el certamen. El zigzagueante paso de los Pumas por el Rugby Championship es un reflejo de una realidad que el rugby argentino no termina de desentrañar: tiene materia prima a la altura de las potencias, pero entre condicionamientos externos y desavenencias propias, no termina de consolidar una plataforma que le permita propulsarse a la elite. Así, la única constante es la incertidumbre.

Si el cierre de año es sinónimo de balance, el hecho de cumplirse 10 años de presencia de los Pumas en el Rugby Championship invita a expandir la mirada. A partir de 2012, año en que ingresó por primera vez en un certamen anual con las superpotencias del sur, el seleccionado argentino se ha beneficiado de un crecimiento evidente y se ha acercado al nivel de sus “vecinos” hemisféricos, aunque siga lejos. La contracara es esa sensación permanente de volver a empezar.

 

Paralelamente, la asociación con Nueva Zelanda, Sudáfrica y Australia impulsó a que la Argentina forjara una estructura de alto rendimiento. Se trata de un sistema aceitado que, nutriéndose de la cantera que proporciona la pasión por el rugby que emerge de los clubes, cumple con la función de capacitar a los mejores y prepararlos para el profesionalismo. Queda manca por la falta de competencia (un condicionamiento externo) y por una extraña y reiterativa capacidad de auto-boicotearse (intrínseco).

 

“Lo que se luchó tanto para tener una competencia de ese nivel ha sido espectacular. Han sido 10 años increíbles”, sentenció Agustín Pichot, figura clave en la inserción de la Argentina en el concierto mundial, primero como jugador y luego como dirigente. “Pongo como momento pico haberle ganado a los All Blacks, que no se había logrado nunca. Y poder ganarle a Sudáfrica o Australia y estar a la altura, afuera o en casa. Eso muestra que cuando todo parecía que iba a ser imposible en cuanto al juego, el equipo funcionó muy bien en estos diez años y de manera sostenida”.

 

Después del tercer puesto en Francia 2007, quedó en evidencia que los Pumas debían ser incorporados en un certamen anual con las demás potencias. Tenían capacidad de estar a la altura de los mejores, pero les faltaba competencia. El destino lógico, por nivel y por cuestiones geopolíticas, era el Seis Naciones; los Pumas habían conseguido triunfos en los últimos tres años ante todos esos seleccionados y la mayoría de los jugadores actuaban en Europa. El hermetismo del norte impidió esta posibilidad, pero abrió la posibilidad de sumarse al Tri-Nations. Toda una osadía. Los Pumas nunca habían vencido a Nueva Zelanda ni a Sudáfrica y el último triunfo ante Australia había ocurrido 10 años atrás. Con Pichot a la cabeza de las gestiones, la Argentina logró incorporarse a un nuevo certamen que se denominó Rugby Championship.


Un desafío enorme, primero por la magnitud de los rivales (campeones de ocho de los nueve Mundiales disputados hasta aquí) y segundo por la ingeniería que implicaba jugar del otro lado del mundo y con un calendario (el del Sur) que va a contramano del que regía a sus jugadores (el del norte).

Si se compara el estatus del seleccionado y de toda la estructura profesional del rugby argentino de entonces con el de ahora, salta a la vista un crecimiento evidente. No sólo en ese lapso se logró vencer por primera vez a Sudáfrica (tres veces) y Nueva Zelanda (una), además de sumar otras dos victorias ante Australia, sino que enfrentar a cualquier potencia, del hemisferio que sea, dejó de ser una utopía. Esto ocurre principalmente en virtud del roce constante con los mejores, algo que antes ocurría sólo esporádicamente. En 10 años se jugaron más partidos ante esos equipos que en toda la historia previa (56 partidos de 2012 a 2021 contra 45 jugados hasta 2011).

Los números dejan entrever que la curva de crecimiento, aunque no muy pronunciada, es ascendente. Los Pumas consiguieron una victoria y un empate entre 2012 y 2014, dos victorias entre 2015 y 2017 y tres victorias y dos empates entre 2018 y 2021; este último un período más largo pero atípico, con un certamen acotado por el Mundial 2019, otro por la pandemia en 2020 y el de este año sin partidos en casa.

 

Hoy es improbable que ocurra lo de 2013, cuando cayeron 73-13 con los Springboks en Soweto; en la revancha siete días más tarde la derrota 22-17 llegó sobre el final. Algunos hitos: el primer triunfo en el certamen, que se demoró tres años y llegó ante Australia en la última fecha de 2014, en Mendoza; el primer éxito en la historia ante los Springboks, una magnífica actuación en Durban camino al cuarto puesto en Inglaterra 2015; los dos éxitos de 2018, y por supuesto la épica victoria ante los All Blacks a fines de 2020, magnificada por la cuarentena precedente. En ese certamen, que no contó con la participación de Sudáfrica, los Pumas finalizaron segundos.

 

“Viendo la foto más grande y basándome en mis experiencias hay una evolución notoria en los Pumas dentro del torneo”, opinó Tomás Cubelli, medio-scrum de los Pumas presente en el Rugby Championship desde 2013. “Se subió el piso del rendimiento del equipo desde que arrancó esta experiencia. Pero la evolución va mucho más allá del rendimiento en la cancha. Generó una transformación del rugby que impactó en toda la pirámide, de los Pumas para abajo hacia los clubes. Los pumas como posibilidad de expresar todas las cosas buenas de nuestro rugby. Por eso, la evolución es más profunda e hizo que por ejemplo un Pablo Matera o un Julián Montoya salgan de la intermedia de su club a jugar contra los campeones del mundo en un año. Hoy son de los mejores jugadores del mundo en su puesto”.

 

La realidad de los Pumas hoy es distinta a la que atravesaron entre 2016 y 2019, que a su vez mutó respecto de los primeros cuatro años. Lo que no varió fueron las dificultades para adaptarse al nuevo status quo. El equipo parece vivir en un proceso de cambio y adaptación permanente que ralentiza el proceso de crecimiento.

 

Esto responde primariamente a condicionamientos externos. Geopolíticamente, la Argentina se encuentra aislada del eje que domina el rugby. Esto quedó expuesto más que nunca con la pandemia. La Argentina quedó al margen del Súper Rugby y perdió la localía por dos años (al menos). Además, el rugby es víctima de la crisis económica y social que caracteriza al país y hace difícil proyectar a largo plazo. En muchos sentidos, el rugby es una especie de oasis dentro del caos que impera en el país en la medida en que opera en función de un plan bien estructurado.

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